jueves, 18 de junio de 2015

Efectos económicos que inciden en la globalización

TLC: Una herramienta que no hemos sabido aprovechar



Palabras Clave: Competitividad, rentabilidad, talento humano, tecnificación, desarrollo, fuerza laboral.

El Tratado de Libre Comercio, como dinámica económica entre los países de Colombia y Estados Unidos, es un acuerdo con poco más de tres años de vigencia cuyo propósito principal es ofrecer oportunidades que favorezcan a los dos países. Siendo un tratado tan relativamente nuevo, el cuestionamiento frente  a su utilidad y beneficio para la nación siempre ha sido el punto más trascendental del asunto, llegando a ser causante de diversas protestas y reclamaciones por parte de diversos sectores de la economía colombiana.
Sin embargo, para que el tratado fuera aprobado en el Congreso, nuestros representantes políticos debieron encontrar en él potenciales beneficios para el país, mientras que partidos como el Polo Democrático y el Partido Liberal, principales opositores de esta iniciativa, habrán encontrado el acuerdo poco pertinente para la realidad nacional.
Ahora bien, el aspecto álgido del asunto del TLC tiene que ver con nuestro tema central; la relación del Tratado de Libre Comercio con las Pymes colombianas, pequeña y mediana empresa definida legalmente mediante la ley 590 del 2000, en esencia la base estructural de la economía nacional y el sector donde se encuentra la mayor fuerza laboral del país.  Es importante entender cómo alrededor de estos dos conceptos, Pymes y TLC, se ha levantado un debate complejo que involucra muchos sectores, donde al final éste se termina resumiendo a una discusión por destacar la cantidad de puntos favorables y negativos del tratado, situaciones de economía comparada y supuestos, pero en el caso colombiano se necesita mucho más que eso, entender que no necesariamente más significa mejor y aceptar que nuestro contexto tiene una historia y una dinámica tan compleja que no se pueden comparar y aplicar modelos extranjeros suponiendo que aquí funcionarán igual. Intentaremos comprender entonces la incidencia del TLC en la dinámica de progreso de las Pymes, analizando la pertinencia del tratado en nuestro contexto y determinando sus potenciales beneficios y desventajas de una forma objetiva.

Para entender de forma más concreta los beneficios que obtienen las Mipymes del TLC es necesario conocer en términos generales la estructura de la ley 590 del 2000, pues su objeto es “Promover el desarrollo integral de las micro, pequeñas y medianas empresas en consideración a sus aptitudes para la generación de empleo(ley 590, art. 1) y desde allí se establece la forma en que las micro, pequeñas y medianas empresas pueden y deben desarrollarse en conjunto con las decisiones estatales.
Allí se establecen entonces las necesidades principales para el desarrollo de las Mipymes: internacionalización, desarrollo tecnológico y de talento humano, el desarrollo regional y el acceso a mercados mediante la oferta de bienes y servicios. Es así como el TLC desde su carácter de acuerdo comercial y regional, llega a tener influencia sobre todos los aspectos del desarrollo Pyme, siendo en realidad un tratado bilateral que desde el marco de la teoría potencia la capacidad de estas empresas, amplía el mercado y le ofrece dinamismo a la economía.
Al hablar de beneficios económicos para las Pymes por el TLC se abren dos categorías básicas; beneficios nacionales e internacionales, siendo el primer sector donde puede observarse más desarrollo.
Una de las ventajas más visibles para estas empresas es la estabilidad en cuanto a la dinámica del comercio y los pronósticos económicos. Debido a que el TLC es un acuerdo que no necesita de renovaciones, las Pymes empiezan a moverse en un sector más seguro aunque sea más competitivo (no diciendo que el alza en competitividad represente una desventaja). De esta forma, permite a las Pymes tener mayor conocimiento del mercado y crear estrategias de expansión más efectivas, creando estrategias de predictibilidad económica más acertadas y contribuyendo también a un mejor aprovechamiento de la utilidad de las empresas dada la reducción de costos generales, otro aspecto del cual se benefician las Pymes colombianas. La relación de costos respecto al TLC no es difícil de entender, puesto que evidentemente un tratado de libre comercio significa una renovación en trámites burocráticos del comercio y agilidad aduanera entre ambos países. El tratado de libre comercio como sinónimo de globalización significa en esencia misma rapidez y agilidad en el intercambio de información, procesos y simplicidad de métodos, por lo que es evidente la agilidad de la dinámica comercial entre Colombia y Estados Unidos entre los últimos cinco años; ahorro de tiempo significa ahorro de dinero para cualquier empresa, asimismo la reducción de impuestos permite avanzar en la productividad de la empresa y por otro lado, hacer más accesibles diversos procesos de tecnificación e incluso infraestructura, todo esto para traducirlo finalmente en mejora de la competitividad de  las Pymes.
Otra ventaja, que indirectamente tiene influencia sobre las micro, pequeñas y medianas empresas es la tasa de inflación, donde no se puede negar el aporte que ha hecho el Tratado de Libre Comercio a la estabilidad de este índice.
Colombia, al ser un país en desarrollo, siempre presentará índices de inflación superiores al índice internacional, siendo éste muy dinámico, con picos altos y generalmente difíciles de predecir. Es por esto que el TLC ha llevado a equilibrar el IPC nacional, aproximando la tasa de inflación a la internacional, generalmente siempre inferior comparado con el de una economía en desarrollo. Esta dinámica la podemos evidenciar en la gráfica a continuación:



Como podemos ver, desde el año 2012 la tasa de inflación ha tenido la variación más constante de los últimos diez años, sin contar la reducción de casi 0.25% del año 2011 a 2012, año donde entró en vigencia el TLC entre Colombia y Estados Unidos.
En materia de inversión extranjera, las Pymes se ven favorecidas y no es para menos. Según el ministro de Industria, Comercio y Turismo, Sergio Díaz Granados (año 2011),el TLC reservó para las pyme contratos hasta por US$125.000 dólares que se extienden a US$ 250.000 dólares para empresas que generen más volúmenes de contratación”. (Misión Pyme, 14 de Octubre de 2011)  Pero es precisamente en este asunto donde se tiene el mayor punto de quiebre, y lo que debería ser el factor determinante en el impulso de las Pyme como motor de desarrollo económico se convierte en el aspecto que nos mantiene rezagados en materia de innovación: La inversión extranjera, en vez de ser un aliciente para motivar las pequeñas y medianas empresas a la reestructuración de método, abre la brecha de desigualdad económica entre lo nacional y lo internacional de una forma muy extensal, puesto que para recibir lo que el TLC promete a Colombia, “…Tendrán (las Pymes) que afrontar varios retos.” dice Díaz Granados.

En una entrevista concedida a la Revista Dinero, el ministro de Industria y Comercio Santiago Baute (2012) señaló cuáles son esos aspectos a los que Díaz Granados se refería cuando hablaba de “varios retos” en el año 2011: Para el consultor, las pymes del país tienen desventajas que deben superar: la baja competitividad, la inmadurez en la gerencia, la falta de estrategias, el poco valor que se le da al recurso humano, la inconsciencia frente a aspectos claves de la empresa y la improvisación(revista Dinero,8 de agosto de 2012) De esta forma, el resultado final del proceso de TLC en Colombia termina obteniendo un trámite desfavorable, la competitividad de la economía no puede hacer frente a los grandes emporios internacionales y sus precios tan bajos, los procesos de tecnificación no son ni siquiera comparables y el valor del talento humano empieza a quedar rezagado.

Pero, ¿En qué fallamos? ¿Nos falló el TLC o fallan las Pymes por su falta de iniciativa? Afirmar tales supuestos sería un acto lleno de desconocimiento. Tanto las Pymes como el TLC tienen políticas integradas que funcionan de maravilla dentro de una situación ideal de comercio, sustentadas por un gobierno. ¿Y qué pasó con el gobierno? Tal vez esa sí sea la pregunta. Tal parece que el artículo 7° de la ley 590 que reglamenta la atención a las Mipymes por parte del gobierno y las entidades estatales se nos quedó en el olvido. Dentro de una dinámica comercial, un Estado que no esté preparado para un proceso de tecnificación, capacitación, y sobretodo acompañamiento a la industria doméstica está destinado a un impacto económico complejo. La garantía de la apertura transicional del tratado, el apoyo estatal y la capacitación en el manejo del talento humano imposibilitan la competencia de nuestra economía a niveles superiores, y más bien parece que empezamos a entrar en una dinámica de globalización extrema donde ya no importan las fronteras de cualquier índole, ahora todo es global y no necesitamos en realidad competir mucho, sino adherirnos, o al menos esa es la impresión que nos deja la relación entre Pymes y TLC; una herramienta valiosa que no hemos sabido aprovechar.

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