TLC: Una herramienta que no hemos
sabido aprovechar
Palabras
Clave:
Competitividad, rentabilidad, talento humano, tecnificación, desarrollo, fuerza
laboral.
El Tratado de Libre
Comercio, como dinámica económica entre los países de Colombia y Estados
Unidos, es un acuerdo con poco más de tres años de vigencia cuyo propósito
principal es ofrecer oportunidades que favorezcan a los dos países. Siendo un
tratado tan relativamente nuevo, el cuestionamiento frente a su utilidad y beneficio para la nación
siempre ha sido el punto más trascendental del asunto, llegando a ser causante
de diversas protestas y reclamaciones por parte de diversos sectores de la
economía colombiana.
Sin embargo, para que
el tratado fuera aprobado en el Congreso, nuestros representantes políticos debieron
encontrar en él potenciales beneficios para el país, mientras que partidos como
el Polo Democrático y el Partido Liberal, principales opositores de esta
iniciativa, habrán encontrado el acuerdo poco pertinente para la realidad
nacional.
Ahora bien, el aspecto álgido
del asunto del TLC tiene que ver con nuestro tema central; la relación del
Tratado de Libre Comercio con las Pymes colombianas, pequeña y mediana empresa
definida legalmente mediante la ley 590 del 2000, en esencia la base
estructural de la economía nacional y el sector donde se encuentra la mayor
fuerza laboral del país. Es importante
entender cómo alrededor de estos dos conceptos, Pymes y TLC, se ha levantado un
debate complejo que involucra muchos sectores, donde al final éste se termina
resumiendo a una discusión por destacar la cantidad de puntos favorables y
negativos del tratado, situaciones de economía comparada y supuestos, pero en
el caso colombiano se necesita mucho más que eso, entender que no
necesariamente más significa mejor y aceptar que nuestro contexto tiene una
historia y una dinámica tan compleja que no se pueden comparar y aplicar
modelos extranjeros suponiendo que aquí funcionarán igual. Intentaremos
comprender entonces la incidencia del TLC en la dinámica de progreso de las
Pymes, analizando la pertinencia del tratado en nuestro contexto y determinando
sus potenciales beneficios y desventajas de una forma objetiva.
Para entender de forma
más concreta los beneficios que obtienen las Mipymes del TLC es necesario
conocer en términos generales la estructura de la ley 590 del 2000, pues su
objeto es “Promover el desarrollo integral de las micro, pequeñas y medianas
empresas en consideración a sus aptitudes para la generación de empleo” (ley 590, art. 1) y desde allí se
establece la forma en que las micro, pequeñas y medianas empresas pueden y
deben desarrollarse en conjunto con las decisiones estatales.
Allí se establecen entonces
las necesidades principales para el desarrollo de las Mipymes:
internacionalización, desarrollo tecnológico y de talento humano, el desarrollo
regional y el acceso a mercados mediante la oferta de bienes y servicios. Es
así como el TLC desde su carácter de acuerdo comercial y regional, llega a
tener influencia sobre todos los aspectos del desarrollo Pyme, siendo en
realidad un tratado bilateral que desde el marco de la teoría potencia la
capacidad de estas empresas, amplía el mercado y le ofrece dinamismo a la
economía.
Al hablar de beneficios
económicos para las Pymes por el TLC se abren dos categorías básicas;
beneficios nacionales e internacionales, siendo el primer sector donde puede
observarse más desarrollo.
Una de las ventajas más
visibles para estas empresas es la estabilidad en cuanto a la dinámica del
comercio y los pronósticos económicos. Debido a que el TLC es un acuerdo que no
necesita de renovaciones, las Pymes empiezan a moverse en un sector más seguro
aunque sea más competitivo (no diciendo que el alza en competitividad
represente una desventaja). De esta forma, permite a las Pymes tener mayor
conocimiento del mercado y crear estrategias de expansión más efectivas,
creando estrategias de predictibilidad económica más acertadas y contribuyendo
también a un mejor aprovechamiento de la utilidad de las empresas dada la
reducción de costos generales, otro aspecto del cual se benefician las Pymes
colombianas. La relación de costos respecto al TLC no es difícil de entender,
puesto que evidentemente un tratado de libre comercio significa una renovación
en trámites burocráticos del comercio y agilidad aduanera entre ambos países.
El tratado de libre comercio como sinónimo de globalización significa en
esencia misma rapidez y agilidad en el intercambio de información, procesos y
simplicidad de métodos, por lo que es evidente la agilidad de la dinámica
comercial entre Colombia y Estados Unidos entre los últimos cinco años; ahorro
de tiempo significa ahorro de dinero para cualquier empresa, asimismo la
reducción de impuestos permite avanzar en la productividad de la empresa y por
otro lado, hacer más accesibles diversos procesos de tecnificación e incluso
infraestructura, todo esto para traducirlo finalmente en mejora de la
competitividad de las Pymes.
Otra ventaja, que
indirectamente tiene influencia sobre las micro, pequeñas y medianas empresas
es la tasa de inflación, donde no se puede negar el aporte que ha hecho el
Tratado de Libre Comercio a la estabilidad de este índice.
Colombia, al ser un
país en desarrollo, siempre presentará índices de inflación superiores al
índice internacional, siendo éste muy dinámico, con picos altos y generalmente
difíciles de predecir. Es por esto que el TLC ha llevado a equilibrar el IPC
nacional, aproximando la tasa de inflación a la internacional, generalmente
siempre inferior comparado con el de una economía en desarrollo. Esta dinámica
la podemos evidenciar en la gráfica a continuación:
Como
podemos ver, desde el año 2012 la tasa de inflación ha tenido la variación más
constante de los últimos diez años, sin contar la reducción de casi 0.25% del
año 2011 a 2012, año donde entró en vigencia el TLC entre Colombia y Estados
Unidos.
En
materia de inversión extranjera, las Pymes se ven favorecidas y no es para
menos. Según el ministro de Industria, Comercio y Turismo, Sergio Díaz Granados
(año 2011), “el TLC reservó para las pyme contratos hasta
por US$125.000 dólares que se extienden a US$ 250.000 dólares para empresas que
generen más volúmenes de contratación”. (Misión
Pyme, 14 de Octubre de 2011) Pero es
precisamente en este asunto donde se tiene el mayor punto de quiebre, y lo que
debería ser el factor determinante en el impulso de las Pyme como motor de
desarrollo económico se convierte en el aspecto que nos mantiene rezagados en
materia de innovación: La inversión extranjera, en vez de ser un aliciente para
motivar las pequeñas y medianas empresas a la reestructuración de método, abre
la brecha de desigualdad económica entre lo nacional y lo internacional de una
forma muy extensal, puesto que para recibir lo que el TLC promete a Colombia, “…Tendrán
(las Pymes) que afrontar varios retos.” dice Díaz Granados.
En una entrevista
concedida a la Revista Dinero, el ministro de Industria y Comercio Santiago
Baute (2012) señaló cuáles son esos aspectos a los que Díaz Granados se refería
cuando hablaba de “varios retos” en
el año 2011: “Para el consultor, las pymes del país tienen desventajas que deben
superar: la baja competitividad,
la inmadurez en la gerencia, la
falta de estrategias, el poco valor que se le da al recurso humano, la inconsciencia frente a aspectos
claves de la empresa y la
improvisación”(revista Dinero,8 de agosto de 2012) De esta forma, el resultado final del proceso de TLC en
Colombia termina obteniendo un trámite desfavorable, la competitividad de la
economía no puede hacer frente a los grandes emporios internacionales y sus
precios tan bajos, los procesos de tecnificación no son ni siquiera comparables
y el valor del talento humano empieza a quedar rezagado.
Pero, ¿En qué fallamos? ¿Nos falló el TLC o fallan las Pymes
por su falta de iniciativa? Afirmar tales supuestos sería un acto lleno de
desconocimiento. Tanto las Pymes como el TLC tienen políticas integradas que
funcionan de maravilla dentro de una situación ideal de comercio, sustentadas
por un gobierno. ¿Y qué pasó con el gobierno? Tal vez esa sí sea la pregunta.
Tal parece que el artículo 7° de la ley 590 que reglamenta la atención a las
Mipymes por parte del gobierno y las entidades estatales se nos quedó en el
olvido. Dentro de una dinámica comercial, un Estado que no esté preparado para
un proceso de tecnificación, capacitación, y sobretodo acompañamiento a la industria
doméstica está destinado a un impacto económico complejo. La garantía de la
apertura transicional del tratado, el apoyo estatal y la capacitación en el
manejo del talento humano imposibilitan la competencia de nuestra economía a
niveles superiores, y más bien parece que empezamos a entrar en una dinámica de
globalización extrema donde ya no importan las fronteras de cualquier índole, ahora
todo es global y no necesitamos en realidad competir mucho, sino adherirnos, o
al menos esa es la impresión que nos deja la relación entre Pymes y TLC; una
herramienta valiosa que no hemos sabido aprovechar.
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